Reijard-News

martes, 17 de enero de 2006

Para Mónica, la relación con Marta, su jefa, cada vez era más difícil. "Quería que todas sus órdenes se cumplieran en el acto, no escuchaba nuestras sugerencias y si el trabajo no se hacía como ella deseaba, en seguida se ponía a gritar".

Éste es un caso que se repite en los centros de trabajo con frecuencia; muchas mujeres han perdido la paciencia con sus subalternos e incluso con su propia familia, y consideran que imponerse favorece el orden y la autoridad que se requiere, cuando lo único que hacen es adoptar actitudes masculinas que por mucho tiempo han sido muy negativas para la convivencia en general.

De acuerdo con el sicólogo Mario Pérez, profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM, hasta hace algunos años, las mujeres ocupaban posiciones relegadas dentro de la esfera social, esto las obligaba a adoptar roles distintos, en los cuales el chantaje y la manipulación eran las mejores herramientas para conseguir aquello que deseaban; ahora, su participación activa en el mercado laboral ha cambiado esta situación.

Mónica dice que Marta es una mujer que ante los ojos de los demás parece muy segura, con una gran capacidad de decisión, una fuerte personalidad y muy carismática, pero en el momento de convivir con ella, el trato es difícil, pues es alguien que no acepta críticas, ni que se les contradiga, ni que se discuta su autoridad.

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COMENTARIOS

viernes, 10 de febrero de 2006

Por Invitado @ 8:08 PM


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