Científicos estadounidenses han revivido bacterias congeladas hace 32 mil años en Alaska, y sugieren la posibilidad de que en Marte se encuentren organismos similares. De hecho, los gases detectados en la atmósfera del planeta rojo pueden indicar la existencia de vida bacteriana en ese planeta vecino.
Alaska, una península montañosa perteneciente a Estados Unidos, situada al norte de Canadá y separada de Asia por el Estrecho de Bering, alberga desde volcanes activos, grandes glaciares y tundra siberiana hasta bosques infinitos y vastas llanuras. Con su clima extremo y frío, y su fauna y flora salvajes, es una de las zonas terrestres donde la naturaleza y la vida mejor se conservan y resplandecen.
En cambio Marte, el cuarto planeta del Sistema Solar, es un mundo estéril de tonos rosados, grandes desiertos y casquetes polares, sometido a un bombardeo de rayos solares ultravioletas, donde la vida difícilmente arraiga. Sus grandes diferencias de temperatura provocan vientos fuertes, mientras que la erosión de su suelo seco y oxidante ayuda a formar tempestades de polvo y arena que degradan todavía más la superficie.
A pesar de que estos mundos tan diferentes están separados por unas distancias que oscilan entre los 55 y los 100 millones de kilómetros, según la época, no están tan distantes como parece, al menos en lo que se refiere a su microbiología.
Hace 320 siglos, cuando nuestro helado planeta, sometido a un gran cambio climático, lo poblaban unos gigantescos elefantes del hielo llamados mamuts, y unas tribus de seres humanos que llevaban una vida nómada y estaban lejos de consolidar alguna forma de civilización, un puñado de bacterias quedó aprisionado en una mezcla de hielo, tierra y roca que ha funcionado como una cápsula del tiempo.
Bacterias en la máquina del tiempo
Era el Paleolítico Superior, una época en que nuestros primeros ancestros, dotados de inteligencia -el llamado Hombre de Neardental-, se extinguían, dando paso a otra subespecie de homínidos, que posiblemente fue la que le exterminó, el "Hombre de Cromagnon", el primer representante del actual ser humano: el Homo sapiens.
Pero ni ellos, ni nosotros hasta hace muy poco, reparamos en esas bacterias, que han sido extraídas de las profundidades de la tundra de Alaska, y ahora nadan en tubos de ensayo y son estudiadas bajo el microscopio por los científicos, que las han calificado como la forma de vida viva más antigua de la Tierra.
"Cuando se derritió el hielo, las bacterias comenzaron a nadar. Estaban vivas, aunque habían estado congeladas por más de 30 mil años", señaló Richard Hoover, astrobiólogo de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), quien dirigió al grupo de investigadores que desenterró las bacterias Carnobacterium pleistocenium.
"Es la primera descripción taxonómica completa de un microbio extraído del permafrost o mezcla permanente de hielo, tierra y roca, del periodo Pleistoceno que comenzó hace 1.8 millones de años y finalizó hace 11 mil años", según la microbióloga Elena Pikuta, de la Universidad de Alabama, en Estados Unidos, quien ha estudiado minuciosamente estas bacterias prehistóricas.
Para Hoover, que busca e investiga a los microorganismos capaces de sobrevivir en condiciones extremas, este hallazgo sugiere la posibilidad de que en los hielos subterráneos de Marte permanezcan dormidas formas microscópicas de vida, desde los tiempos remotos en que el agua fluía a través de los ríos y en los océanos marcianos.
Las Carnobacterium pleistocenium vieron por primera vez la luz en 2000, cuando Hoover y su equipo analizaban las paredes de unas excavaciones efectuadas en la década de 1970, al norte de Fairbanks, Alaska, para la construcción de un conducto petrolero.
Los primeros análisis de las muestras de hielo extraídas sugirieron que contenían seres vivos de otra época, y lo más sorprendente fue que, a medida que el hielo que las aprisionaba se iba derritiendo, las bacterias comenzaban a despertarse lentamente de un sueño de 32 mil años.