El fraude en la investigación de células madre embrionarias clonadas que comprometió al científico sudcoreano Hwang Woo-suk pone una vez más en tela de juicio la ética entre algunos investigadores y de paso daña la reputación de publicaciones especializadas, como en este caso Science, que dio cabida al artículo del asiático.
Pese a que las más reconocidas revistas científicas cuentan con rigurosos comités editoriales, a lo largo del último siglo éstas no han sido capaces de evitar que los artículos fraudulentos aparezcan con pompa y platillo. Science, Nature o National Geographic, entre otras, han sido obligadas a admitir fallas en sus filtros, aunque han desdeñado las advertencias sobre la gravedad de artículos irresponsables, como la que entre 1983 y 1986 Walter W. Stewart y Ned Feder lanzaron en un informe sobre la validez de las publicaciones científicas. Al final, sólo Nature accedió a dar cabida en sus páginas a la polémica investigación.
Para investigadores de cualquier país, publicar artículos en las revistas de ciencias más importantes incrementa sus puntos ante sus colegas a tal grado que aparecer en ellas se vuelve su obsesión desde las escuelas.
Uno de los más escandalosos fraudes de las últimas décadas fue el que involucró a la revista National Geographic en 1971, la cual ofreció en su portada la historia de los tasadays de Mindanao, una supuesta tribu de la Edad de Piedra "descubierta" por Manuel Elizalde, director de la oficina filipina de las minorías para el gobierno de Ferdinando Marcos, quien tras la noticia declaró reserva nacional la comunidad selvática. Tras la caída del dictador, en 1986, periodistas visitaron la tribu y descubrieron que los falsos cavernícolas vestían jeans y manejaban motos y que Elizalde los había instruido para interpretar la farsa. El pillo huyó del país.
Otro fraude, esta vez en la paleontología, puso en jaque a varias revistas científicas del orbe. Después de décadas de publicar en Nature, Paleontology, Geobios, Neues Jahrbuch für Geologie und Paläontologie, el geólogo indio Vishawa Jit Gupta quedó como un embustero cuando en 1988 se probó que los fósiles que supuestamente encontraba en el Himalaya eran falsos. El profesor de la Universidad de Punjab arrastró también en su caída a más de 100 científicos de todo el mundo que habían validado sus "descubrimientos".