Reijard-News

jueves, 21 de julio de 2005

A una hora de la ciudad de México se llega a Tepoztlán, un pueblo conocido como un sitio lleno de energía donde incluso muchos aseguran que en su cielo han transitado ovnis.


Aquí también existe una creencia que atrae a los viajeros, la que afirma que el camino a la cima del Tepozteco es un recorrido de purificación y reencuentro con el alma.


El centro del pueblo es pintoresco por sus iglesias con fachadas sin restaurar y bardas de llamativos colores recién aplicados. La más importante de ellas es el Templo de la Natividad al que se le llama convento pero, en realidad, como dato curioso, nunca hubo monjas sino monjes.


Si generalizamos, en Tepoztlán existen dos tipos de visitantes: aquellos que creen en lo metafísico o lo incomprensible, y los escépticos, quienes buscan en este poblado un espacio tranquilo, dotado casi siempre, de un buen clima.


Hay, también, gente que atribuye ciertos “fenómenos” a la energía y a la mística, como lo que ocurre en el Templo de la Natividad al atardecer: lo último que queda iluminado en el valle, en el momento previo al anochecer, son sus torres.


Además de su enigmático atractivo, alrededor de la plaza central –no falta la presencia de un quiosco– se encuentran tiendas de artesanías esotéricas y de ropa de manta, restaurantes populares y uno que otro café, así como el mercado al que hay que asistir para degustar unas quesadillas.


Si tiene la oportunidad de probar un struddel de manzana en el cafecito “Los mejores Tiempos”, antes de subir a la cima del cerro del Tepozteco, su paladar lo agradecerá, ya que es bueno ir inspirado hacia aquel camino que lleva al templo de Tepoxtécatl, el que corona la cima.


Camino a la cima


El trayecto es largo y pesado. Aproximadamente son dos kilómetros de subida en escalones naturales, formados por las piedras que reciben a cientos de visitantes por semana. Se inicia desde el punto donde afirman que Tepoxtécatl fue bautizado. Ahora un altar muestra ese punto.


Una de las prácticas recomendadas por los peregrinos al iniciar la subida es recoger una roca (del tamaño que usted decida o, mejor dicho, que la roca lo elija a usted) y llevarla en la mano derecha hasta la zona arqueológica. La finalidad es hacer un simbolismo de sus problemas y dejarlos atrás cuando los supere.


En este andar, muchos curiosos intentan subir pero pocos son los que de verdad persisten en su meta, por eso no es raro ver pequeños telescopios en el pueblo que dicen “suba sin cansarse” haciendo alusión a que sólo basta una miradita para estar cerca del basamento principal.


Si es de los perseverantes que decidieron intentarlo, entonces la recomendación es hacerlo con calma, subir a su paso, pues el tiempo del recorrido no va a ser el mismo para aquellos que hacen ejercicio todos los días que para los que pocas veces salen a dar un paseo al aire libre.


Zona arqeológica


Después de escalones y más escalones, una escalera vertical se levanta entre dos grandes paredes de roca, es el último esfuerzo para acceder a la zona arqueológica, así que vaya preparando sus 30 pesos, pues es el precio que pone el INAH para conocer el templo.


No se espante si llegan a saludarlo una familia de coatíes, esos peludos animalitos parecidos a los mapaches que han hecho suyo el recinto y que siempre buscan ser alimentados por los visitantes.


La recomedación, si es que desea alimentarlos, es no acercarse demasiado y mucho menos intentar tocarlos, a pesar de esa linda imagen que ofrecen, siguen siendo salvajes y no les gusta ser molestados más de la cuenta.


Cuando llegue al punto más elevado del basamento podrá sentirse exitoso.


La misión ha sido cumplida y su camino, debió ser tan espiritual como usted así lo haya previsto.


Sólo queda descansar sobre las ruinas, hidratarse y observar el paisaje privilegiado de un valle lleno de historias.

COMENTARIOS

sábado, 11 de octubre de 2008

Por Invitado @ 5:09 PM


SOY ESPAÑOL, SUBÍ AL TEPOZTECO EN 2 OCASIONES, 1994 Y 1996. LA 1ªVEZ, EL LUGAR PROPIAMENTE DICHO,ME AVISÓ DE QUE NO ERA BIENVENIDO A LO QUE IBA A SER UN VIAJE-AVENTURA DE TRES MESES QUE SE PROLONGÓ A TRES AÑOS... ANDUVE DE MAL EN PEOR POR TIERRAS MEXICANAS, EN BUSCA INCESANTEANTE DE MI MISMO, DE SER FELIZ TAL VEZ, DURANTE DOS AÑOS VEJETÉ. ROBARON MI DOCUMENTACIÓN Y VOLVÍ AL D.F. DESDE DONDE TEPOZTLÁN, Y SIENDO YO LA PERSONA MÁS EXCÉPTICA; ME LLAMÓ, ME HUBICÓ EN MEDIO DEL PUEBLO, ME HIZO TROTAR HASTA MEZTITLA Y APRETUJÓ MI ALMA ENTRE SUS CERROS, SALUDÉ A LAS PERSONAS QUE HABÍA CONOCIDO ANTES, Y CON SU CARIÑO, BUENA ONDA Y 1LITRO DE AGUA SUBÍ A SALUDAR A LOS COATÍES, QUE ALLÍ LLAMAN TEJONES, DE UN TIRÓN Y EXUDANDO EUFORIA LLEGUÉ A LA PIRÁMIDE. ESTA VEZ NO ME PARECIÓ DESQUICIANTE. SENTÍ EN POSITIVO. ME ABRAZÓ LA PIEDRA, ME RECONCILIÉ CON EL ENTORNO Y ABRÍ MI INTERIOR A LA SABIDURÍA QUE EL LUGAR ME REGALABA. ME QUEDÉ OTRO AÑO EN MÉXICO, CONOCÍ ACEPTACIÓN, COMPRENSIÓN Y EXPANSIÓN.