Reijard-News

jueves, 07 de julio de 2005

Contrario a lo que se piensa, mientras un bebé duerme su cuerpo se mantiene activo, pues además de descansar, también secreta la hormona del crecimiento, se tonifica su organismo, el cerebro se restaura, el sistema nervioso se desarrolla, la memoria se consolida y el sistema inmunológico se fortalece.


De acuerdo con la pediatra neonatóloga Natividad Salvador Garduño, durante los primeros tres meses de vida, los infantes permanecen dormidos aproximadamente 16 horas y sólo se despiertan para comer.


Posteriormente pasan la mitad del día durmiendo, hasta el primer año y aprenden que esta actividad se realiza de noche y en el día se toman dos siestas.


De acuerdo con el doctor Reyes Haro Valencia, director de la Clínica de Transtornos del Sueño de la UNAM, el sueño durante el primer año es muy importante, ya que los procesos cognoscitivos como hablar, pensar y comer se desarrollan durante las 16 o incluso 18 horas que los pequeños duermen.


Esta actividad, podría considerarse como un ritual, pues para tener un buen sueño y que ocurra la ontogenia o el desarrollo de los niños, deben existir las condiciones que ayuden a ello.

Al dormir es importante no colocarlos boca abajo, sino hacia arriba o de lado; no hay que arroparlos con exceso de prendas, es importante que no consuman alimentos o bebidas, como refrescos de cola, que alteren su organismo, procurarles una habitación limpia, con la temperatura regulada, sin mucho ruido y sin televisión.

El insomnio infantil


A partir de los seis meses de edad es cuando aparecen los parámetros de sueño que regirán la vida de los individuos, y es también en esta etapa cuando los buenos hábitos pueden hacer la diferencia entre un niño que duerme bien y el que no lo hace. “Cuando un bebé presenta insomnio infantil, en la mayoría de los casos se debe a que los papás los acostumbran a situaciones como dormir en su cuarto o en su cama, y en las habitaciones casi siempre hay televisión, radio o luz, que no permiten que el neonato concilie el sueño” señala el especialista.


Cuando los bebés no duermen, los que sufren son los padres, pues los pequeños lo remedian haciendo siestas más prolongadas en el día, por lo que sus ciclos pierden sincronía y es cuando los padres piensan que el chico no concilia el sueño.


La solución es establecerles horarios y enseñarlos que la noche es la hora de dormir y no distraerlos de sus ciclos de sueño.


Otro de las causas de impida que esta actividad se lleve a cabo es la micción nocturna, lo que es conocido como enuresis, pero generalmente se controla con el paso del tiempo, cuando se controlan los esfínteres.


Sin embargo, en el sueño de los recién nacidos existen también alteraciones graves como el síndrome de apnea neonatal que se caracteriza por la interrupción de la respiración cuando están dormidos que puede llegar a provocar decesos, esto es lo que se conoce como muerte de cuna.

“La respiración está controlada por un núcleo localizado en el tallo cerebral y cómo en los pequeños aún está inmaduro, no tienen los mecanismos que hacen que cuando un individuo deja de respirar se presente un reflejo que genera movimiento y permite recobrar la respiración” afirma.


Los bebés tienen el riesgo de padecer apnea, pues se presenta más frecuentemente en aquellos cuyos padres fueron toxicomaniacos, o en los que nacieron con bajo peso, prematuros o que tuvieron complicaciones. También entran en esta situación los que son hijos de madres muy jóvenes o mayores de 40 años, o incluso aquellos que tienen antecedentes familiares de este mal.


Si su hijo tiene estas características acuda con los especialistas, pues puede hacer la diferencia entre salvarlo o dejarlo morir.

COMENTARIOS